En cada verso que el tiempo desata,
hay un latido que busca tu puerto,
un eco tibio que cruza despierto
la geografía de una vieja plata.
No es solo el pulso que el pecho delata,
ni el breve rastro de un día sin viento;
es la vigilia, el fiel juramento
de una morada que el alma rescata.
Entra sin prisa, sin llave ni excusa,
abre la puerta que el tiempo rehúsa
dejar cerrada al compás de tu paso.
Halla en la sombra la luz que te espera,
haz de esta orilla tu propia primavera
y quédate a vivir en este ocaso.
©Soléil Sóley
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| Photo by Tim Redu |

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